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Archive for 22 abril 2010

El que es hoy cabeza de la Iglesia católica, representante de dios en la Tierra y guardián de la moral cristiana, conminaba a sus subordinados, como obispo de Munich y como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe en California, a que no denunciaran ante la justicia los casos de abusos a menores perpetrados por clérigos católicos. En una misiva infame, fechada en mayo de 2001, Ratzinger amenazaba con la excomunión a cualquiera, tanto sacerdotes como víctimas, que hiciera públicos los casos de pederastia ocurridos en el seno de instituciones católicas.

Ahora que Benedeicto XVI planea una visita al Reino Unido en septiembre de este año, los intelectuales británicos Christopher Hitchens y Richard Dawkins intentan presentar ante la justicia de ese país un pedido de arresto contra este turbio personaje por crímenes contra la humanidad, ya que al menos en dos ocasiones antepuso la reputación de la Iglesia a la protección de miles de menores vejados. El Vaticano ya ha argüído la inmunidad diplomática del Papa como jefe de estado, pero los abogados de Hitchens y Dawkins entienden que no existe tal inmunidad, ya que el Vaticano no es un estado para el derecho internacional. De hecho sólo participa en Naciones Unidas en calidad de obsevador.

Mientras dos de los ateos más reconocidos a nivel mundial han decidido exigir responsabilidades penales al Papa encubridor, la gran mayoría de los católicos prefiere mirar hacia otro lado. Me pregunto dónde está ahora el Foro de la Familia que tanto ruido hizo para tratar de evitar que se reformara la le ley del aborto en España, organizando manifestaciones en defensa de los derechos de los cigotos y embriones, u oponiéndose a que los matrimonios entre personas del mismo sexo tengan el derecho a la adopción. ¿Por qué no se escuchan ahora sus voces en defensa de miles de niños y niñas abusados por quienes debían cuidarlos y educarlos?

Lo más llamativo de todo es que para cualquier otra organización, un escándalo de estas características, que resulta especialmente repugnante, significaría su completo desprestigio y hundimiento. Pero a la Iglesia de Roma no parece despeinársele demasiado el flequillo, y todavía se atreven, como quien sabe que saldrá impune de todo, a acusar a las propias víctimas como hizo Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife al afirmar que “hay tantos menores que están de acuerdo con los abusos, y que incluso, si te decuidas te provocan”.

Para muchos, los esfuerzos de Hitchens y Dawkins por llevar a Ratzinger ante la justicia internacional serán infructuosos. Yo creo que bien vale la pena el intento, aunque sólo logre hacer que se suspenda la visita papal a Gran Bretaña.

imágenes: luis-viadel.blogspot.com

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Muchas veces me he preguntado qué origina el pensamiento religioso, a qué se debe la ingente cantidad de dioses y creencias místicas que han existido y existen (no me atrevo a afirmar que existirán) en la historia de la humanidad. Tratando de dar respuesta a ese interrogante he acudido a dos hitos del siglo XX, cuyo legado científico transformó radicalmente el mundo en el que vivmos: Sigmund Freud, que dedicó parte de sus esfuerzos a dilucidar este tema, y Albert Einstein, que siempre rehuyó el tema religioso hasta que al final de su vida se pronunció al respecto.

En su obra Tótem y Tabú, el padre del Psicoanálisis, argumenta que el motivo que lleva a los seres humanos a aceptar las creencias religiosas es “una neurosis obsesiva universal”, “un infantilismo psíquico”, “un delirio colectivo” que constituye un mecanismo de protección contra la angustia experimentada ante la finitud de la vida, ante la indefensión del hombre frente a los fenómenos naturales, ante la incomprensión del origen y causa de nuestra existencia y la del universo.

“…numerosos individuos emprenden juntos la tentativa de procurarse un seguro de felicidad y una protección contra el dolor por medio de una transformación delirante de la realidad. También las religiones de la humanidad deben ser consideradas como semejantes delirios colectivos“.

Sin embargo, aclara que en última instancia el alivio ofrecido por las religiones no es más que la aceptación de las arbitrarias decisiones divinas y la resignación ante el dolor y la muerte, lo cual es ciertamente un magro consuelo.

“[La técnica de la religión] consiste en reducir el valor de la vida y en deformar delirantemente la imagen del mundo real, medidas que tienen por condición previa la intimidación de la inteligencia. A este precio, imponiendo por la fuerza al hombre la fijación a un infantilismo psíquico y haciéndolo participar en un delirio colectivo, la religión logra evitar a muchos seres la caída en la neurosis individual. Pero no alcanza más […] Tampoco la religión puede cumplir sus promesas, pues el creyente, obligado a invocar en última instancia los “inescrutables designios” de Dios, confiesa con ello que frente al sufrimiento sólo le queda la sumisión incondicional como último consuelo y fuente de goce. Y si desde el principio ya estaba dispuesto a aceptarla, bien podría haberse ahorrado todo ese largo rodeo”

¿Significa ésto que los creyentes son estúpidos o poco inteligentes? La respuesta es no. Si definimos la inteligencia como la capacidad de adaptarse a una situación nueva utilizando conocimientos previos,  se hace evidente que una cosa no excluye a la otra. Aunque la fe no es racional, es decir, no se ajusta a la razón, aquellos que creen son capaces de mostrarse racionales en otros aspectos.

También para Einstein las creencias religiosas constituyen una visión infantil de la vida. Así lo afirma en una carta de su puño y letra escrita en enero de 1954, dirigida al filósofo alemán Eric Gutkind, que se hizo famosa hace menos de dos años tras haber sido subastada por 400.000 dólares.

“La palabra de Dios, para mí, no es más que la expresión y el fruto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son, no obstante, bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso para mí.”

Y continúa:

“Para mí la religión judía, como todas las demás religiones, es la encarnación de las supersticiones más infantiles.

Entonces si la religión es una interpretación pueril de la realidad, ¿cabe esperar que la humanidad evolucione hacia una forma de reflexión más madura? Freud se pronuncia de manera optimista al respecto al equiparar el pensamiento infantil con el pensamiento religioso.

“La mayoría de estas neurosis infantiles […] quedan vencidas espontáneamente en el curso del crecimiento, y el resto puede ser desvanecido más tarde por el tratamiento psicoanalítico. Pues bien: hemos de admitir que también la colectividad humana pasa, en su evolución secular, por estados análogos a las neurosis y precisamente a consecuencia de idénticos motivos […] La religión sería la neurosis obsesiva de la colectividad humana, y lo mismo que la del niño, provendría del complejo de Edipo, de la relación con el padre. Conforme a esta teoría hemos de suponer que el abandono de la religión se cumplirá con toda la inexorable fatalidad de un proceso del crecimiento y que en la actualidad nos encontramos ya dentro de esta fase de la evolución”

foto: http://www.fotobazar17.com/…/danzantes-aztecas.html

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He aquí al genial Fabio Alberti interpretando al sacerdote seguidor del Mártir Peperino Pómoro. Esta sátira era parte del programa cómico argentino Cha Cha Cha, levantado de la televisión por presiones de la Iglesia católica, hace ya años. Ahora que Peperino ha alcanzado los 3000 seguidores en facebook, quiero rendirle este pequeño homenaje.

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Otro excelente comic de La Pulga Snob que refleja la arrogancia de los religiosos. Como dice Daywalker “creerse la cúspide de la creación de un ser omnipotente es ser bien pedante”, además de bastante infantil, por cierto.

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