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Archive for 27 febrero 2010


La etimología de la palabra, de origen griego, nos da la idea general: apos (fuera de) y stasis (colocarse). De acuerdo con la definición de la Real Academia Española, es “la negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión.” Dicho en otras palabras, en lo referente a la Iglesia católica, mediante el acto de apostatar se anula tu bautismo y dejas de ser considerado como católico. Vale aclarar la diferencia que existe con otros conceptos como herejía y excomunión.

Por una parte el término herejía hace referencia a la negación o modificación de un dogma o creencia dentro de una religión dada. Es decir, el hereje sigue siendo un creyente, sólo que mantiene una visión diferente de la oficial con respecto a una parte de la religión que profesa. Algunos herejes famosos fueron Pablo de Samosata obispo de Antioquía en el siglo III, que sostuvo que Jesús fue un hombre corriente hasta recibir el bautismo,  Arrio (280-336), quien negó la naturaleza divina de Jesús y la existencia de la Santísima Trinidad, esa absurda y extravagante idea católica de que su dios es uno y tres a la vez, o Pelagio, teólogo británico del siglo V quien, entre otras cosas, osó conjeturar que los niños muertos sin bautizar eran aceptados en el paraíso.

Por otro lado está el concepto de excomunión, que según el Código de Derecho Canónigo de 1312, es una medida aleccionadora o medicinal, que pretende hacer recapacitar al afectado para que finalmente vuelva al redil. Quien ha sido excomulgado, al igual que el apóstata, no puede participar del rito de su comunidad religiosa. Hace unas semanas, la Conferencia Episcopal de España amenazó con excomulgar a todo aquel legislador que apoyara la reforma de la Ley del aborto. Sin embargo, cuando se les hizo notar que el rey Juan Carlos I había avalado dicha ley con su firma, sacaron a relucir su ilimitada capacidad de hipocresía, marca de la casa, y adujeron lo siguiente: el caso del rey es un caso único y por tanto recibirá un trato único. Parece que ya no somos todos iguales ante los ojos del Señor.

Cabe destacar que la apostasía no se hace efectiva hasta que no se sigue el procedimiento formal ante la Iglesia. Esto significa que aunque un persona se haya alejado en la práctica de forma total de su religión, sigue considerándose católico, tanto para la Iglesia como para el Estado. Esto es muy importante, ya que las religiones reciben un subsidio según la cantidad de fieles que poseen en un determinado país. Por lo tanto si no apostatas, colaboras no sólo moralmente, sino también económicamente con el culto católico.

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Después de muchas idas y venidas, resultó ser todo más sencillo de lo que aparentaba. En primer lugar, debes dirigirte a la Diócesis (directorio) que corresponda a tu domicilio actual. Tanto si has sido bautizado/a allí como si lo has sido en otro sitio. Es decir que si recibiste el bautismo en una cierta ciudad, pero ahora vives en otra, o incluso en un país diferente, de todas maneras debes iniciar el trámite según corresponda a tu domicilio actual. Son ellos mismos los que se encargan de hacer llegar tu solicitud a la Parroquia pertinente.

En la diócesis tienen, o deberían tener, un formulario estándar para que lo completes. Por tu parte, tendrás que aportar simplemente tu documento de identidad y los datos relativos a tu bautizo: Lugar (Parroquia tal, de la ciudad tal. Si sabes la dirección mejor.), y fecha. No hace falta que estos últimos datos los lleves por escrito, basta con que proporciones la información verbalmente.

La Iglesia tiene la obligación legal de desafiliarte, de modo totalmente gratuito. Incluso, una vez finalizado el proceso, puedes ir personalmente a la Parroquia donde fuiste bautizado, o enviar a un familiar en tu nombre, y solicitar ver el Libro de Bautismos, para cerciorarte de que tus datos hayan sido borrados o tachados completamente de él. Ten en cuenta que en el obispado al que pertenece la Parroquia guardan una copia de estos datos, y es aconsejable que confirmes haber sido tachado ahí también. Esto es importante porque si aún pueden leerse tus datos, podrían seguir contándote como cristiano para las estadísticas, lo cual como explico en la página Por qué apostatar, no queremos que suceda.

Sin embargo, es muy probable que en la diócesis y en la parroquia se nieguen a tachar tus datos, y en cambio realicen solamente una anotación al margen en la que conste tu acto de apostasía. En España, por ejemplo, los libros bautismales están protegidos contra cualquier modificación, por una vergonzosa sentencia del Tribunal Supremo que los considera documentos históricos. Esa sentencia está siendo recurrida por la Agencia Española de Protección de Datos, que entiende que es un derecho de las personas el cancelar su pertenencia a una determinada asociación cuando así lo deseen.

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Como en toda aventura que se precie, la incertidumbre y los mitos prevalecen sobre las certezas, abundan los obstáculos y las sendas se desdibujan o nos devuelven, exhaustos, al punto de partida. Sin embargo, el aspirante a apóstata cuenta con una importantísima baza a su favor: un deseo inquebrantable de dejar de pertenecer a la Iglesia Católica.

 

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